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Deja de juzgar tu cuerpo y su cuerpo

Hayas elegido estas vacaciones la playa, la montaña o te hayas quedado en la ciudad, me gustaría pedirte que no juzgues lo que ves. No de una manera insana.

Juzgamos constantemente el cuerpo de otras mujeres, su pelo, su piel, su ropa, sus caderas, sus pechos, y un largo etc. Ya sea para bien o para mal, el juicio desde este punto estético solo te lleva a la comparación y frustración.

Sé que es un automatismo, pero en muchas ocasiones, es ver a una mujer en la playa con su bikini e inmediatamente vienen a la mente pensamientos del tipo: «Uf, qué gorda está, cómo se atreve a llevar este bikini». O bien «Qué delgada, qué suerte». Estos dos tipos de juicio no se dan siempre, sé que hay muchísimas variantes, pero la mayoría de las veces ya estamos juzgando a toda la persona por el cuerpo que vemos, sin saber qué hay detrás.

Este año, en Menorca, me dediqué a mirar con amor el cuerpo de otras mujeres y hombres. Hice el ejercicio de no fijarme solo en el cuerpo físico, sino que cuando las miraba, pensaba en las vidas de esas personas, sus méritos, sus esfuerzos, su pasado… ¿Y sabéis qué? Que sentí un amor brutal. Universal. Vi a todas esas personas bonitas por fuera y por dentro. Paseaba y las miraba con cariño. Luego me miraba a mí y sentía ese mismo amor.

Cuerpos diferentes, vidas e historias diferentes, pero llenos de auténtica vida. Cuerpos que son templos, sea cual sea la forma.

Sé que si dejas de juzgar al otro, poco a poco dejarás de juzgarte a ti misma.

Y es que si dejas de juzgar al otro, el juicio irá disminuyendo en el resto de áreas de tu vida. Es un ejercicio de entrenar tu mirada para trabajar el juicio y desarrollar la compasión. Y si no lo crees, párate ahora un momento y reflexiona, ¿qué beneficio te da juzgar el cuerpo de esa mujer? ¿Qué sentimientos aparecen en ti? Si aparece la envidia, la vergüenza, la comparación, la frustración, etc, el reto está en ti. En aceptar lo que ves en ti para, quizá, llegar a amarlo.

Normalmente, las personas que juzgan no suelen estar satisfechas con su vida, por lo que juzgar y atacar les hace sentir una cierta (y falsa) paz. Cuando juzgamos, criticando, somos nosotras las que nos llenamos de negatividad. Y además, esta negatividad se expande y se contagia. Mal plan ¿no?

La persona que juzga dice más de sí misma que del otro.

Y es que hay un dicho por ahí que dice: «Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro». Pues eso, que muchas veces la crítica hacia lo externo (y no solo en lo que a aspecto físico se refiere), se produce porque hay algo en tu vida que no aceptas, que no respetas, que no soportas y que no quieres ver. Y yo también he estado ahí.

Si lo que quieres es dejar de juzgar, intenta vivir tu presente, aquí y ahora y pregúntate si aquello que juzgas tiene que ver contigo. Quizá no te gusten tus respuestas, pero la via de la crítica tampoco es muy buena solución si lo que quieres es vivir en paz y con total liberta. También puedes tratar de aplicar la empatía e intentar entender a esas personas que estás juzgando. Es un ejercicio brutal.

Eres más que un cuerpo, somas más que un cuerpo. Mirarlo desde el respeto va a hacer que te respetes a ti misma y a los demás ¿lo intentamos?

Si te apetece leer más, te recomiendo aquí dos libros relacionados con este tema: «Aceptación radical«, de Tara Brach y «The Body Image Workbook«, de Thomas Cash.

Te deseo un resto de verano y una vida… libre de juicios.

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