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Por qué no eres lo que comes

No, yo no creo que seas lo que comes. Es la cultura de la dieta la que se ha encargado de convencerte de que eres lo que comes, quizá para que sientas culpa, remordimientos o frustración cuando no estás comiendo como ellos quieren.

Reduccionismo

Creo que este tipo de frases solo nos llevan a reduccionismo, porque aunque se intente buscar el lado positivo de la intención, creo que se genera el efecto contrario. ¿De verdad que si como comida basura, yo soy basura? Y desde ahí, ¿cómo me voy a tratar? ¿De verdad que si como saludable, ya soy saludable? Como veis, es demasiado reduccionista. Para mí ser saludable incluye mucho más: el auténtico autocuidado, el bienestar, el cuidado emocional, social y mental.

La nutrición no va solo de lo que comemos. La nutrición va de conexión, de relación, de satisfacción, placer e incluso de propósito. Somos mucho más que lo que comemos. Somos nuestras relaciones, somos nuestro propósito de vida, nuestra espiritualidad… y mucho más.

Cuando nos limitamos a creer que somos lo que comemos, nos llegamos a negar nuestras pasiones, conexiones y mucho más. Niega nuestra intuición y nuestros sentimientos, porque sí, porque comer emocionalmente también es normal y no por ello somos solo lo que comemos, somos mucho más.

@mercedesherranphotography

La trampa de lo ‘healthy’

Pero si en realidad, es el sector healthy el que trata de decirnos que somos lo que comemos para que comamos más sano, ¿eso es malo?, podéis estar preguntándoos. Pues en realidad no es que sea malo, pero si el resultado es que yo me siento mal porque no estoy comiendo saludable como ‘ellos’ quieren, ¿qué efecto positivo hay en eso? Creo que comer equilibrado es algo de sentido común que la gran parte de la población sabe, si no lo hacemos de esta manera quizá se deba a motivos más internos y emocionales, por lo que no creo que sea positivo castigarnos con este tipo de mensajes que nos dicen que somos lo que comemos.

Además, la salud no depende solo de lo que comes. Estar ‘healthy’ no va a depender de lo que ingieres. La salud depende de nuestra genética, variables sociales, medioambientales, relaciones y mucho más. La salud no es algo matemático y no depende de si como esto o lo otro. Este pensamiento solo genera susto y presión.

Y es que creo que hay que tener cada vez más cuidado porque bajo las palabras healthy o wellness, vuelve a esconderse el patrón de la dieta, restricción o prohibición. Y si no, fijaros en Weight Watchers. Han eliminado la palabra ‘diet’ de toda su página web, en cambio hablan de hábitos healthy o de wellness constantemente. Pero este tema da para otro post del que hablaré en otro momento.

Entre todas debemos luchar para no creernos una sola etiqueta tan simplista. Somos líquidas, variables, somos muchas mujeres en una con necesidades diferentes en cada momento de nuestro ciclo y no por ello solo somos lo que comemos. Por suerte somos un complejo mucho más bonito y precioso. No dejes que ‘ser lo que comes’ pase a ser el centro de tu creencia, de tu juicio sobre ti y de tu centro sobre lo que tienes o no tienes que comer.

Darse cuenta de la complejidad de nuestro ser hace que cueste aún más creer que solo somos lo que comemos. Somos una bonita complejidad que jamás podría reducirse a lo que comemos.

Fíjate en cómo comes, no tanto en lo que comes

Y si quieres encontrar alguna metáfora similar sobre lo que somos y la alimentación, me inclino mucho más por creer que somos más cómo comemos que lo que comemos. Es decir, si tu vida sientes que está estresada, desequilibrada y descontrolada emocionalmente, es más probable que se vea en la forma en la que comes: estrés, rapidez, poco placer, comer como si fuera una gestión más. Porque puedes estar comiéndote la ensalada más orgánica del mundo, que si la comes desde el estrés, va a ser seguro que no se va a digerir igual que si estás estable en tu interior.

Así que intentemos centrarnos más en lo que nos pasa por dentro a nivel interno para no fijarnos solo en lo que comemos sino en desde dónde hacemos las elecciones de lo que ‘debemos’ o ‘no debemos comer’ y poner un poco más de atención en cómo nos relacionamos con esa comida, sea ‘healthy’ o no.

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